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martes, 21 de febrero de 2023

¿Debe recertificarse la capacidad del médico mayor?


 ¿Debe recertificarse la capacidad del médico mayor?

Un comentario de medscape sobre la competencia del médico mayor me ha hecho pensar. Y he razonado sobre ello porque en la actualidad las enormes listas de espera, el colapso del sistema ha hecho surgir la necesidad de permitir a los médicos a punto de jubilarse continuar con su labor asistencial al menos hasta los 70 años de edad. Y es que ciertamente la edad condiciona distintos cambios en el galeno; por un lado se tiene mayor experiencia, ojo clínico (experiencia +conocimientos) pero por otro, existen cambios físicos (debidos a la edad, a enfermedades crónicas) y cognitivos (memoria..) que pueden limitar o condicionar su desempeño. 

Se plantea que una gran experiencia en éstos puede no acompañarse de una mayor calidad, sin embargo, se tratan de suposiciones basadas en casos puntuales, pues que yo conozca no existen estudios que evalúen estos aspectos. La realidad es que para hacernos una idea certera se debería evaluar la competencia y  la “calidad en la atención” de todos los médicos de manera periódica con lo que poder comparar, algo que no se hace, o yo personalmente no conozco ningún sistema sanitario que lo haga. La reacreditación o renovación de la licencia en EEUU es básicamente de la competencia profesional.

martes, 6 de diciembre de 2022

Una religión llamada “Atención Primaria de Salud”


 Una religión llamada “Atención Primaria de Salud”

La Atención Primaria (AP) en nuestro país se convirtió en una religión de sustitución para muchos médicos al inicio de la Reforma de Atención Primaria (RAP) allá por los 80-90 del siglo pasado. Los postulados de la OMS en Alma Ata (antigua URRS, 1978), los principios sobre la Atención Primaria de Salud, se convirtieron en palabra revelada para muchos que esperaban ansiosamente un fundamento teórico con el que dar forma (reformar) a nuestro primer nivel asistencial proveniente del franquismo.

Se admitió sin rechistar como la única forma para dar al ciudadano una asistencia sanitaria de calidad al tiempo que lo defendiera de la atención hospitalaria (sobreintervención, sobretratamiento..), de la atención sanitaria fuera del sistema estatal (privada) y sobre todo repudiando toda la atención en el primer nivel previa a la RAP (Real Decreto 137/1984, de 11 de enero, sobre estructuras básicas de salud.). Podríamos decir que se creaba un sistema estatal socializante único y sin alternativa. 

Y es que se entendía, se entiende, que fuera de este sistema solo existe el caos de la medicina privada en la que la AP esta minusvalorada o es inexistente; por tanto, todo lo que se aproxime, o recuerde a aquella hay que combatirlo; y de ahí la inquina que existió (existe en la actualidad) contra las mutualidades de funcionarios (MUFACE, MUJEJU, ISFAS) en la que el mutualista tiene la alternativa a elegir entre un sistema de provisión público/privado o estatal. 

Sin embargo, lo que se prometía como el sistema con el cual íbamos a alcanzar “la salud para todos en el año 2000” (lema de la OMS entonces) nunca ha acabado de funcionar. Y aunque se mejorara la organización de los centros, los circuitos,  la prescripción farmacológica (se mecanizó), la incapacidad temporal (se mecanizó), la historia clínica compartida (telemática), el tiempo por consulta (los famosos 10  minutos), la participación de enfermería.. pasaron casi 40 años y el problema, siguen creyendo, es el mismo, y se resume en tres palabras: "falta de recursos".
Nunca han existido suficientes recursos para alcanzar el ideal cuando nunca hemos tenido tantos, tanto humanos (número de profesionales en AP) como materiales (CS y equipamientos). ¿Cuál es el problema, por tanto?

Sorprendentemente, observamos a su vez como los sumos sacerdotes de esta religión sanitaria de la RAP, o no la ejercieron nunca, o no la practican, o se jubilaron antes de tiempo o cuentan los días (como en la mili, o la prisión) que les quedan para la jubilación, lo que era y continua siendo sintomático. Sin embargo, siguen pontificando lo mismo, son teóricos de una idea (que aún creemos atractiva), pero a estas alturas sigue siendo una quimera, diría yo, que solo existe en algunas mentes. 

Pues la realidad es otra, va por otro lado. Y los acólitos, los seguidores convencidos de esta única alternativa, que impotentes aguantan, unos resignados (o no tanto) una realidad que les prometieron  ideal y no es tal, y otros que van cayendo en la apostasía y sin saber que hacer, abandonan nuestro barco (urgencias, mutas, medicina privada..) o intentan navegar  en aguas desconocidas pero no más procelosas de la otra “AP”, que también existe, pero en el extranjero.

Sin embargo, todos sabemos que el objetivo de establecer una estructura con la conseguir el máximo de salud para la población con los mínimos riesgos y molestias tiene muchas caras más allá de la AP estatal, al modo español; si no otras, que pueden que, al mismo precio o un coste ligeramente superior, generar más satisfacción al ciudadano (libre elección, ausencia de listas de espera…) con parecidos o mejores resultados; la prueba han sido el comportamiento de los distintos sistemas sanitarios europeos en y tras esta epidemia de la COVID-19. 

Y digo estatal, al modo americano, pues tan público es una Mútua Asistencial como nuestro sistema de Centros  de Salud (CS), pues dan un servicio público al ciudadano, aunque el “gatekeeper” de aquellas sea más tolerante que el nuestro. Habrá que preguntarle al ciudadano que prefiere. ¿Qué significa para ellos la AP? ¿La ven necesaria o es un inconveniente para obtener una atención sanitaria de calidad?
O, tal vez, prescindimos del ciudadano, pues nosotros ya sabemos lo que le conviene.

Con frecuencia, como decía uno “sabe más de la religión el ateo que el propio practicante”, algo que hizo mi caso que en su día optara estar ubicado en una sociedad de AP distinta a la SEMFyC, pues no fui creyente de la RAP, aunque no un ateo recalcitrante, pues al estar inmerso en el sistema y haber conocido uno anterior adopté el sistema del médico de cabecera de antaño de “esperar y ver”, o del púgil de “a verlas venir”, pues todo es bienvenido en sanidad si mejora las condiciones del sanitario y resuelve las necesidades sanitarias del ciudadano.
Los postulados de la OMS del 78 se tomaron como axiomas de obligado cumplimiento, cuando en mi opinión no eran más que recomendaciones a aplicar en países con grandes déficits sanitarios (diagnóstico de salud, programas de salud…) pero no en países desarrollados donde sus ciudadanos son adultos en sus opciones y decisiones, y quieren, y pueden elegir lo que más les conviene para su salud. Y de ahí que lo suyo hubiera sido desarrollar un sistema sanitario arbitral (como muchos países europeos), un marco en el que el estado, al tiempo que defiende los derechos del ciudadano, les garantiza la libre elección de proveedor sanitario,  les responsabiliza a  de su salud sin estar sometidos al control estatal y político del momento. Pero esta sería otra reforma, la de abrir nuestro sistema monolítico a otros actores y otras formas de gestión.

Y es que viendo los logros, los números, los recursos disponibles, el gran responsable de nuestra situación tal vez  haya que buscarlo en otro lado, posiblemente en la demanda creciente (el ciudadano) y no tanto en la oferta sanitaria. 

Responsabilizar al ciudadano en el buen uso del sistema. Algo que, apelando a la educación del mismo y a la buena voluntad del ciudadano ya hemos visto durante estos casi 40 años que no basta; de ahí que se precise llegar a la responsabilidad apelando al coste personal, en forma de tickets moderadores, copagos… Sin embargo, en nuestro sistema eminentemente político esto es impopular y por tanto difícil de instaurar.

Por tanto, tal vez ya haya llegado la hora de que nos dejemos de idealismos y  seamos más prácticos, más eclécticos, abramos el sistema a otros proveedores de salud  y  sobre todo responsabilicemos al ciudadano de su salud y del buen uso de los recursos sanitarios. 

sábado, 4 de junio de 2022

¿Director de Centro de Salud o Coordinador de un Equipo de Atención Primaria?


 ¿Director de Centro de Salud o Coordinador de un Equipo de Atención Primaria?

Nunca quise ser coordinador de un Centro de Salud (CS) pues nunca he sido forofo de este sistema. Soy una contradicción aparente, pues soy un fanático del médico de cabecera, del médico de la familia (no “de familia”), pero al tiempo no creo en la organización estatalizada del primer nivel. Creo en el médico independiente al servicio del sistema sanitario que puede asociarse o no con otros para mantener una atención de una determinada población y el estado solo como garante de este derecho (visión liberal).

Puede parecer una contradicción pero no lo es, el concepto de médico de cabecera independiente que depende de su población con cobro por capitación garantiza la longitudinalidad (tu sueldo depende a la misma) y una atención global, que choca con nuestro actual sistema socializado basado en la continuidad asistencial,  en compartimentar la atención en edades, la pediatría, patologías, terminales, crónicos, unidades diversas…

Para ello tenemos un sistema de grandes CS con una organización compleja que no deja margen al enfermo (que está sometido al mismo) y que exige tener responsables que hagan cumplir las directrices que se toman en niveles superiores. Como dijo uno, se copió la letra y la música, la ética y la estética de la reunión de la OMS en  Alma Ata (Kazajistán, antigua URRS) en 1978, la declaración sobre la Atención Primaria de Salud por un lado y los grandes centros tipo hospital-like al modo de los policlínicos soviéticos con gestión 100% pública, por otro. 

Con todo, hubo un tiempo que se intentó la “autonomía de gestión”, los contrato programas,  los coordinadores elegidos por el equipo y las decisiones consensuadas; pero era algo que se veía venir, duró poco;  de ahí que la semántica sea muy importante, lo que era un coordinador de un Equipo de Atención Primaria (EAP) en el que había una cierta autonomía de gestión a la situación actual, que se  ha transmutado en un director de un CS, correa de trasmisión de ordenes de niveles superiores y que sorprendentemente aún teniendo menor margen de maniobra (las decisiones vienen dadas) está cada vez más profesionalizado (más costes de transacción del sistema).

He empezado diciendo que nunca quise ser coordinador de un CS pero me presenté al cargo, junto con otro compañero hace años, mi solicitud iba junto con una memoria ad hoc. Lo hice  para evitar que se nombrara a un coordinador propuesto por la gerencia, persona que no aportó lógicamente ninguna memoria, pero que fue nombrado al final en el puesto. Y, aunque me sorprendiera a mi mismo, con el tiempo me percaté que no fue una mala decisión por el personaje en cuestión; eso sí, arbitraria.

Todo ello me lleva a concluir que somos esclavos de nuestro rígido sistema con cada vez menos margen de maniobra, y los directores de los CS como todos aquellos cargos administrativos intermedios, no son más que elementos para que esta gran maquinaria sanitaria siga, más mal que bien, funcionando.

¿Existe alternativa?, pues, tal vez, aunque en nuestro sistema actual exigiría cambios muy  dolorosos y políticamente inasumibles teniendo en cuenta que nuestro sistema es un 100% público y que se ha convencido a la población que fuera de éste solo existe la selva de la medicina privada, algo que solo pueden costearse unos pocos.

La nota es que los Sistemas Nacionales de Salud (SNS) según los ranking en general no son los sistemas sanitarios que generen mayor satisfacción ni que tengan mejores resultados en salud en el mundo desarrollado, aunque sí suelen ser en general más eficientes.  En realidad una cosa por la otra.

Que el paciente sea dueño de su salud y pueda elegir quien quiere que le atienda en el menor tiempo posible debería ser un derecho…

domingo, 8 de mayo de 2022

Ineficiencia asignativa y Atención Primaria

Ineficiencia asignativa y Atención Primaria 

Nuestra Atención Primaria (AP) está considerada hasta este momento como altamente resolutiva, sin embargo, no llega a solucionar todas las necesidades que nuestros pacientes nos piden respuesta y que tendrían que ser solucionados en nuestro nivel por multitud de factores que sería el tema de otro post. 

Este hecho se ha agravado con la crisis de la COVID-19 que se ha mostrado como una prueba de estrés de todo el sistema y que en mi opinión, éste no lo ha superado, más bien le ha puesto en evidencia; y concretamente en la AP, no la ha superado por factores que tienen que ver con la demanda (presión asistencial) y con la oferta (recursos sanitarios) y con su anómala función de portero del sistema sanitario y de secretaria de atención especializada. 
De ahí que los especialistas (o muchos de ellos), que clásicamente controlan su demanda, a costa de la AP, creando con ello lista de espera, no han sufrido esta crisis en sus carnes, antes al contrario, ha sido un descanso en su quehacer diario (como cierta parte de la administración); sin embargo, el primer nivel en donde la demanda desbocada fruto de unas necesidades sentidas por la población debido a la ineficacia de otros niveles por ser inaccesibles, por  una la burocracia aumentada innecesariamente por la mala gestión de nuestra administración y que recae en nuestro nivel y cambios en el acceso al sistema, como es el contacto telefónico, ha creado una situación difícil de arreglar. 

Y no tiene arreglo si no se solucionan los problemas surgidos y mantenidos en otros niveles que acostumbrados a la nueva situación se encuentran cómodos;  al tiempo que no  se hace nada por corresponsabilizar a la población  del buen uso del sistema sanitario. 

Y es que tanto una cosa como la otra tienen difícil arreglo; en un caso por que los actores especialistas no ganan nada aumentando la productividad (el sueldo es el mismo) y en el segundo, nuestro sistema público profundamente político se ha concebido para dar respuesta a todo y gratis en el momento que se quiera sin ninguna responsabilidad por parte del paciente (no hay tickets moderadores o copagos de ningún tipo...). 

El problema que yo veo es que nos quedemos en la reivindicación fácil cuando los “árboles no nos dejan ver el bosque” de la solución, como parece que así se manifiestan tras los análisis de la situación los sindicatos y las sociedades científicas, y se difunde  la idea de que todo se soluciona con aumentar el número de médicos. ¿Más médicos en AP y para hacer qué?

Médicos para solucionar problemas estructurales que no dependen de ellos, para dar salida a cuellos de botella generados en otros niveles y unos pacientes ningún control. ¿Cuánto gasto farmacéutico, contactos con el sistema de AP, genera una lista de espera de un año para la asistencia de una coxoartrosis avanzada que precisa recambio articular por el traumatólogo?. Por ejemplo, me comentaba un compañero que se encuentra en esta situación.  Esto no se  soluciona con más MAP si no actuando sobre el servicio de traumatología. 

Análisis de la situación de la Atención Primaria en España - Proyecto Venturi, Avance No11.
New Medical Economics. 32-40


miércoles, 16 de marzo de 2022

La ley de la oferta y la demanda y los médicos que emigran*

La ley de la oferta y la demanda y los médicos que emigran* 

Me comentó un médico de familia (MF) español que trabaja  en UK que habiendo aprobado los exámenes y haber conseguido una plaza en el sistema público español, utilizó esta situación para mejorar su situación laboral y económica allá en Inglaterra. Es decir, pudiéndose volver con plaza fija de por vida (nuestro sistema es funcionarial) prefirió quedarse en un Centro de Salud (CS) inglés, eso sí con una mejora en su situación laboral que negoció tras conseguir su plaza en España. Y es que lo de la plaza para toda la vida ya no sería un aliciente suficiente o el principal  para retener a nuestro médicos en España en un marco, como el actual de falta de profesionales no solo en nuestro país.

La ley de la “oferta y la demanda” impera en nuestro mundo globalizado y más en nuestra Europa sin fronteras. Sin fronteras y con sistemas sanitarios distintos. Unos sistemas sanitarios que producen más o menos satisfacción a sus ciudadanos y a sus profesionales sanitarios.

En este contexto sabemos (Euro Health Consumer Index -EHCI- 2018) que aquellos sistemas en los que la financiación está separada de la provisión en la que el pacientes puede elegir, aún con un copago, producen mayor satisfacción al poder elegir entre la oferta sanitaria del país (diferentes aseguradoras), sobre la accesibilidad,  las listas de espera, o acceder a ciertos especialistas.... Pero, esta sensación al parecer también se da en los médicos pues su retribución es mayor y la movilidad y promoción profesional suele ser más ágil. 

Desde la perspectiva de los ciudadanos  según el EHCI- 2018  Suiza sería la mejor valorada, al tiempo que  España se encontraría en el puesto diez y nueve por detrás de Portugal… Tal vez los sistemas Beveridge, los Sistemas Nacionales de Salud,  aún habiendo diferencia entre ellos, como el nuestro, o Inglaterra u otros más pequeños y manejables, como  Islandia, Dinamarca, Noruega...salen peor parados en opinión de la ciudadanía que aquellos tipo Bismark, de Seguros Sociales,  que con un estado garante pero en base a una asistencia por aseguradoras privadas.

Sea como fuere muchos de los médicos que son conocedores de estas diferencias acaban moviéndose, emigrando a lugares más atractivos económica y laboralmente. Sucede con los médicos ingleses que se van a Canadá o a Australia, al tiempo que los españoles nos vamos a aquel país, para que médicos del otro lado del charco, hispanoamericanos, acaben viniendo al nuestro. Un trasiego de médicos que en su caso nos beneficia a través de nuestra lengua común, el español, y a aquellos por su lengua común, el inglés.

Y traigo este tema, aunque sea conocido,  pues tímida pero recurrentemente la prensa general se hace eco de él. En este caso a partir de una noticia reportaje de la Vanguardia de hace unos días  que nos informa de que el año pasado se llegó al punto álgido de solicitudes, 4.130 certificados de idoneidad para 2.504 facultativos, para poder ejercer fuera de nuestras fronteras según fuentes del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), que es quien tramita y concede los certificados de idoneidad para estos trámites. 

Según esta noticia los países más atractivos de Europa y por los que se solicitan estos certificados son  Francia, el Reino Unido, Irlanda, Suiza y Alemania y las comunidades autónomas (CCAA) que más médicos lo solicitan serían Cataluña (28%) y Madrid (18%). Y si bien es cierto que es más frecuente entre los médicos hospitalarios (56%) existe un porcentaje no desdeñable que corresponde a nuestro nivel (12%).  Serán las condiciones laborales o económicas o que los nuevos profesionales tienen una visión distinta a la nuestra que haga que según dicha fuente  el 57% de los de los médicos residentes tendrían pensado abandonar el país e irse a trabajar al extranjero cuando acaben su período formativo (encuesta a 760 residentes en noviembre del 2021 por la  Asociación MIR España),  señalan.  Una situación que se agravará en los próximos años cuando nuestra generación (los del “baby boom”) nos jubilemos. 

*Publicado previamente en el blog de  SEMERGEN-IB

ANTONI LÓPEZ TOVAR. Crece la diáspora de médicos para ejercer en el extranjero. Francia, el Reino Unido o Irlanda, los principales destinos. La Vanguardia. 18/02/2022

https://healthpowerhouse.com/media/EHCI-2018/EHCI-2018-report.pdf


jueves, 30 de diciembre de 2021

La libre elección de asistencia sanitaria y la Atención Primaria

La libre elección de asistencia sanitaria y la Atención Primaria 

Hace unos días leí un post de un compañero en su blog “Salud, dinero y atención primaria “ en el que relacionaba la baja inversión en AP según Comunidades Autónomas (CCAA) con el porcentaje creciente de asistencia privada en las mismas. Entiende el compañero que la baja dotación económica de  la AP sería la causa de este aumento de cobertura privada de sus ciudadanos. Y es probable que algo de esto haya, como también que el paciente que  puede (según economía familiar) quiera elegir otras formas de atención, o que dentreo el mismo sistema público existan aquellos que tenga la ventaja de poder elegir entre una provisión pública o privada, como es el caso de los funcionarios estatales.

Personalmente una de las  elecciones vitales de las que en la actualidad más me arrepiento es no haber optado por MUFACE en vez de cotizar a la Seguridad Social  cuando hace más de 30 años se nos dio a elegir a los Médicos Titulares, como funcionarios de carrera estatales, entre uno u otro, pues entonces cotizábamos a ambos organismos.
En su momento no pensé en ello, era joven, pero los compañeros que optaron por MUFACE, han podido optar a jubilarse a los 60 años y  poder escoger entre tener una asistencia sanitaria pública o privada. Dicho de otra manera, a poder elegir. Algo que no se nos permite al resto de los españoles que no somos funcionarios estatales, militares (ISFAS) o Jueces (MUGEJU), o que no somos económicamente pudientes para tener una póliza sanitaria asistencial complementaria.

La primera ventaja la de la jubilación, es una opción, que en mi caso no me influyó, pues la medicina es parte de mi vida y espero que el cuerpo aguante hasta que, como le ocurrió a un compañero, venga una auxiliar administrativo y le diga a uno que "según gerencia ya no trabaja en esta empresa”; pero sí ha sido una válvula de escape durante esta pandemia para algunos médicos compañeros que han sufrido condiciones laborales difíciles de soportar.

Sin embargo, vamos por la segunda diferencia,  la libre elección de tipo de asistencia sanitaria, algo que en este país que no tolera la diferencia está mal visto; pero que aún creyendo que la AP en nuestro país es buena pero mejorable, te das cuenta de la ventaja de tener alternativas cuando de verdad tienes que utilizar obligatoriamente el sistema sanitario y este no funciona.
 Lo percibo en mis pacientes, desde mi consulta de médico de Atención Primaria (AP), delante de mi futuro próximo  y sobre todo como responsable y cuidador de unos padres con más de 90 años (ambos funcionarios jubilados) que se enfrentan a  un sistema de provisión pública cada vez más rígido, difícil, que en la actualidad se ha vuelto impermeable y con cada vez más “cocodrilos en la puerta”, incluso en la AP.
Es por esto, dentro del porcentaje de la cobertura privada del que se habla el post, como si fuera un porcentaje global, existe aquel propiamente relativo a la libertad que tiene ciudadano en sufragarse en una asistencia paralela si quiere y puede  y aquel otro de  libre elección de los funcionarios estatales (cada vez menos), de ahí la anécdota personal. Su desglose es importante. 

Sin embargo, al margen de esto, que es significativo en aquellos conocedores del sistema, pues la mayoría de los funcionarios eligen una provisión privada, el razonamiento que hace el compañero podría ser inverso; pues los presupuestos sanitarios de determinadas CCAA se calcularon en el momento de las transferencias sobre los históricos per cápita no teniendo en cuenta que parte de la población en estas CCAA no utilizaba ya entonces la asistencia pública (ej Baleares), lo que fue, y creo sigue siendo, un agravio comparativo con el resto. 

Y es que porcentaje  de la población que tiene una asistencia privada en Baleares siempre ha sido alto, como el de Cataluña, pero desconozco el histórico de Madrid, que se toma como ejemplo. Es decir no es que la diferencia de gasto público en AP condicione la asistencia privada – que también-, si no al revés. El crecimiento económico, el mayor poder adquisitivo de sus habitantes tiempos ha, y en la actualidad, ha condicionado al final el dinero público invertido en la provisión sanitaria pública.

Y es que el dilema público/privado  en España, como comenta nuestro compañero en su blog, es falso, en general y sobre todo en el resto de Europa, pues la inmensa mayoría de países la financiación (pública) está separada de  la provisión (habitualmente privada, aseguradoras, mutuas asistenciales,…), incluso en aquellos Sistemas Nacionales de Salud con AP planificada (UK, por ejemplo), teóricamente parecidos al nuestro, en los que la asistencia sanitaria primaria la proveen médicos independientes o asociados pero autónomos, no funcionarios o personal público, como en nuestro país, y en los que  el paciente puede elegir (el dinero público sigue al paciente, pago por “capitación”). En este sentido somos una rareza que proviene de épocas preconstitucionales. 

Es decir, hemos de mentalizarnos que al final en la libre elección de los funcionarios todo es asistencia pública, independientemente de quien la provea, sea público o privado.


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